Adquisiciones del estado: problemas y oportunidades

Las adquisiciones que hace el estado para operar o invertir, son (aparte de los salarios) la mayor causa de erogación de fondos públicos. Su naturaleza es muy compleja, ya que abarca decenas de miles de tipos de artículos, de costos que van desde los centavos a las decenas de millones. Otras variables que lo hacen más complejo incluyen: servicios, mantenimiento, entregas en puntos geográficos distintos, inventarios garantizados, etc. Sin descontar el efecto de funcionarios venales coludidos con proveedores inescrupulosos, la enorme escala y complejidad crea desafíos que continúan creciendo con el tiempo.

Un desafío importante es derivado del tamaño. Una manera interesante de ver su manejo es un dial, que puede aumentar o disminuir la centralización. En un extremo A se puede dar mayor énfasis al control, promoviendo la centralización de los procesos. Esto abarca reservar las decisiones al nivel más alto posible y tener mecanismos de control rigurosos. Esto resulta en burocratizar y reducir eficiencia (al estar más lejos del usuario), aumentando el desperdicio y la lentitud.

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Asignación competitiva de bienes escasos

Existen tres formas de participación de las empresas dentro del espacio público, definidas por su limitación y regulación. En primer lugar, está el espacio libre, donde cualquiera puede brindar el bien o servicio (comercio, servicios personales, etc.), y el que como sociedad debemos aspirar sea el más extenso. Aquí el estado debe asegurar el cumplimiento a la ley general y el pago de impuestos. Los desafíos son la equidad fiscal (no debe haber privilegios ni penalidades impuestas) y la protección de la libre competencia.

Existe también el espacio de los sectores regulados. En estos, no cualquiera puede ser prestador de servicio. La limitación puede ser por motivos de acreditación profesional (medicina, derecho, etc.), confianza y riesgo (seguros, servicios financieros), u otros. La mayor función del estado en estos casos es mantener las barreras de entrada en un equilibrio entre la liberalidad (que puede poner en peligro al público) y la restricción (que puede limitar y encarecer la oferta).

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Conceptos de eficiencia en política energética

El alto costo de la energía eléctrica y el desbalance financiero de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) son problemas serios que requieren atención urgente y permanente. Entre otras medidas que se deben tomar, existen dos ideas que nos pueden ayudar en este proceso, las cuales se aplican en muchos países. Estas consisten en habilitar la autogeneración interconectada de energía renovable (principalmente solar) y crear un sistema de diferenciación horaria para altos consumidores.

La generación de energía solar es la más democrática y promotora de un mercado energético con una menor concentración de la capacidad de producción, al darle la opción de ser su propio generador a todos los abonados de la ENEE con trámites burocráticos mínimos. La generación de energía solar es tecnológicamente más avanzada y continúa avanzando a un ritmo mayor que cualquier otra fuente de energía, por lo que su costo se irá volviendo cada vez menor.

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Democratización de los medios de ahorro

Para la construcción de una economía democrática de mercado, es necesario que la mayoría de la población tenga acceso a poder ahorrar y acumular capital de forma segura y con un buen rendimiento. La capacidad de ahorro repartida en la sociedad es un motor de desarrollo de inmensa capacidad para producir crecimiento futuro y garantía de bienestar y solidez para todos.

Los mecanismos de ahorro que tenemos actualmente se caracterizan por su precariedad (alto riesgo de pérdida), bajo rendimiento o limitación en cuanto a los productos disponibles. Estudiando estos tres aspectos, tanto el estado, las empresas y las instituciones financieras pueden trabajar juntos para brindar mejores condiciones.

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