Honduras ha contado históricamente con una ventaja natural en la producción de energía hidroeléctrica, ya que su geografía montañosa y la abundancia de recursos hídricos permitieron desarrollar represas y pequeñas plantas en distintas regiones del país. No obstante, en las últimas décadas este proceso se ha visto ralentizado, en parte porque el Estado perdió capacidad de inversión y construcción directa, trasladando responsabilidades al sector privado sin lograr resultados contundentes. A ello se suman conflictos de tierra y resistencia comunitaria que han dificultado nuevos proyectos. Pese a estas limitaciones, el potencial hidroeléctrico sigue siendo clave, pero requiere planificación ordenada, acuerdos sociales y modernización de plantas existentes para recuperar su papel central en la matriz energética.
En paralelo, la energía solar ha emergido como una alternativa de enorme potencial debido a los altos niveles de radiación que recibe el país, especialmente en la zona sur. Honduras ya cuenta con varios parques solares que generan electricidad a escala industrial, aunque la intermitencia de esta fuente y los costos de almacenamiento y transmisión siguen siendo retos. Aun así, la energía solar se perfila como una opción estratégica tanto para grandes proyectos conectados a la red como para soluciones descentralizadas en comunidades rurales y aisladas, donde puede resolver problemas de acceso a la electricidad.
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