Los puertos del Pacífico: Amapala y Henecán

Jose S. Azcona Bocock

El desarrollo portuario del Atlántico hondureño ha tenido una línea bastante clara a lo largo del tiempo. En Puerto Cortés contamos con un puerto de categoría regional que no solo tiene capacidad para servir a Honduras, sino que también ofrece servicios portuarios del Atlántico a nuestros tres vecinos inmediatos. Este puerto se ha consolidado como el más importante de la región en la costa norte del país, convirtiéndose en un centro logístico vital para el comercio internacional. Adicionalmente, Honduras dispone de una buena bahía en Puerto Castilla, que históricamente ha funcionado como un puerto complementario y que, por sus condiciones naturales y de ubicación, posee un enorme potencial para desarrollarse a futuro como un nodo estratégico en el Caribe. 

Puerto de Amapala 

En contraste, en el Pacífico la situación ha sido distinta. Por razones de historia, geografía y forma de desarrollo del país, no se ha logrado concretar un desarrollo portuario de la misma magnitud. El puerto de Henecán en San Lorenzo ha representado un paso hacia el aprovechamiento del litoral sur, pero su infra estructura, calado y capacidad no han alcanzado todavía el nivel requerido para convertirlo en un verdadero eje de competitividad regional. Esto implica que el potencial logístico del Golfo de Fonseca se encuentra aún subutilizado y que Honduras no ha podido aprovechar plenamente la posición estratégica que le brinda tener salida directa al océano Pacífico. Este rezago merece un grado de atención y estudio especial. 

En el Pacífico existen oportunidades similares a las del Atlántico, ya que, por motivos de geografía y accesos marítimos, ninguno de nuestros dos vecinos inmediatos tiene puertos con ventajas competitivas a nivel regional. Honduras, por lo tanto, podría desarrollar una capacidad portuaria que también atendiese parte de las necesidades de estos países. Es necesario ir hasta Costa Rica o a Guatemala para encontrar puertos del Pacífico que reúnan condiciones similares de eficiencia a las que ofrece Puerto Cortés en el Atlántico. Dentro de esta lógica, Honduras dispone de dos principales ubicaciones posibles: Amapala y Henecán. 

El caso de Amapala, ubicado en la isla del Tigre, fue el primer puerto que se desarrolló en el Pacífico hondureño a partir de la década de 1840. Su importancia creció de manera significativa con el auge del comercio y el desarrollo de la minería en la zona central del país, llegando a ser hasta los años 1890 el principal puerto nacional. Amapala ofrecía una excelente bahía natural con capacidad para recibir barcos de gran calado, pero enfrentaba dos limitaciones graves. Por un lado, al no estar conectado a tierra firme, la carga debía ser transportada en lanchas para alcanzar el continente, lo que encarecía y dificultaba la logística. Por otro, su condición de isla volcánica no brindaba espacio plano suficiente para construir patios de maniobra y almacenaje, imprescindibles para un puerto moderno de carga. A estas dificultades se sumó la vulnerabilidad estratégica revelada durante la guerra con El Salvador en 1969, que evidenció los riesgos de depender de una isla en caso de conflicto. Estos factores impulsaron al Estado a trasladar el esfuerzo de inversión hacia el continente, lo que dio lugar al desarrollo de un nuevo puerto en San Lorenzo. 

De esta manera surgió el Puerto de Henecán, inaugurado en la década de 1970 como la alternativa continental a Amapala. Su ubicación en San Lorenzo le otorgó ventajas logísticas al estar conectado directamente a la red vial nacional y cercano a la frontera con El Salvador y Nicaragua, lo que lo convirtió en un punto estratégico para la integración regional. El puerto fue concebido con muelles de concreto, bodegas y patios de maniobra capaces de facilitar un flujo más eficiente de mercancías. Sin embargo, con el paso del tiempo, Henecán no alcanzó el nivel de desarrollo esperado. La falta de dragado periódico redujo la profundidad de su canal de acceso, limitando el arribo de buques de gran calado, mientras que la ausencia de una política sostenida de modernización frenó su competitividad frente a otros puertos del Pacífico centroamericano. Actualmente, Henecán se encuentra en una encrucijada: aunque cuenta con el potencial de convertirse en un nodo logístico de gran relevancia, requiere inversiones significativas, gobernanza transparente y una visión de largo plazo para poder aprovechar plenamente su posición estratégica. 

Por su parte, Amapala también mantiene un papel que no debe subestimarse. Aunque sus limitaciones físicas lo inhabilitan para desarrollarse como un puerto de carga de gran escala, presenta una oportunidad única en el ámbito turístico. La isla reúne condiciones excepcionales para convertirse en un puerto de cruceros en el Golfo de Fonseca, gracias a sus bellezas naturales, su historia y su ubicación privilegiada como punto central en la región. El principal desafío continúa siendo su conexión con tierra firme, que podría resolverse mediante la construcción de un puente, así como la falta de espacio plano para operaciones logísticas. Sin embargo, estas dificultades, lejos de ser un obstáculo, refuerzan la idea de orientar su desarrollo hacia un puerto turístico y no de carga, lo que le permitiría complementar la función de Henecán en lugar de competir con él. 

En conclusión, el desarrollo portuario del Pacífico hondureño requiere un enfoque integral y diferenciado. Henecán debe consolidarse como el eje de carga y comercio internacional, con inversiones en dragado, modernización de muelles y mejor conectividad terrestre, mientras que Amapala puede orientarse hacia el turismo marítimo y de cruceros, aprovechando su atractivo natural y cultural. Solo con una estrategia complementaria, que reconozca las fortalezas y limitaciones de cada ubicación, Honduras podrá equilibrar su infraestructura portuaria y transformar al litoral sur en un verdadero motor de desarrollo y competitividad regional.