En Honduras, cerca de 100,000 personas tienen 80 años o más. Muchas de ellas viven con recursos muy limitados, en condiciones de pobreza extrema y, sobre todo, sin acceso a una pensión contributiva que les garantice ingresos regulares. Para apoyarles, se propone un compromiso del Estado de un pago mensual de L 3 000 (alrededor de 121 dólares) dirigido exclusivamente a quienes han cumplido 80 años y no reciben ninguna otra pensión formal. Se trataría de una ayuda focalizada, diseñada para aliviar las necesidades básicas de las personas más longevas y vulnerables del país.
La propuesta parte de una realidad innegable: con el paso de los años, las personas mayores suelen enfrentarse a mayores gastos médicos, requieren dietas especiales, medicinas y, en muchos casos, cuidados adicionales. Al mismo tiempo, sus oportunidades de generar ingresos se reducen prácticamente a cero. Para miles de hondureños de 80 años en adelante, la única alternativa es depender de hijos, nietos o familiares que, a su vez, suelen tener ingresos bajos e inestables. Una pensión suplementaria, aunque no resuelve todos los problemas, representa un respaldo fijo que les da dignidad y autonomía en la etapa más frágil de la vida.
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