Formas futuras de generación eléctrica para Honduras
Jose S. Azcona Bocock
Honduras ha contado históricamente con una ventaja natural en la producción de energía hidroeléctrica, ya que su geografía montañosa y la abundancia de recursos hídricos permitieron desarrollar represas y pequeñas plantas en distintas regiones del país. No obstante, en las últimas décadas este proceso se ha visto ralentizado, en parte porque el Estado perdió capacidad de inversión y construcción directa, trasladando responsabilidades al sector privado sin lograr resultados contundentes. A ello se suman conflictos de tierra y resistencia comunitaria que han dificultado nuevos proyectos. Pese a estas limitaciones, el potencial hidroeléctrico sigue siendo clave, pero requiere planificación ordenada, acuerdos sociales y modernización de plantas existentes para recuperar su papel central en la matriz energética.
En paralelo, la energía solar ha emergido como una alternativa de enorme potencial debido a los altos niveles de radiación que recibe el país, especialmente en la zona sur. Honduras ya cuenta con varios parques solares que generan electricidad a escala industrial, aunque la intermitencia de esta fuente y los costos de almacenamiento y transmisión siguen siendo retos. Aun así, la energía solar se perfila como una opción estratégica tanto para grandes proyectos conectados a la red como para soluciones descentralizadas en comunidades rurales y aisladas, donde puede resolver problemas de acceso a la electricidad.
Otra fuente con avances significativos es la energía eólica, que encuentra condiciones favorables en ciertas regiones con vientos fuertes y constantes. Un ejemplo emblemático es el parque Cerro de Hula, que en su momento fue el más grande de Centroamérica. Sin embargo, la generación eólica enfrenta limitaciones asociadas a la variabilidad del viento y a la necesidad de contar con una red de transmisión confiable que permita integrar de forma estable la producción. A pesar de estos retos, su complementariedad con la energía solar la convierte en un recurso atractivo para diversificar la matriz.
La biomasa y el biogás también representan una alternativa importante para el país, aprovechando residuos de la agroindustria como el bagazo de la caña de azúcar, los desechos forestales y agrícolas, o incluso los residuos sólidos urbanos y excretas de ganado. Esta fuente tiene la ventaja de ofrecer energía despachable, es decir, disponible bajo demanda, a diferencia de la solar y eólica. Algunos ingenios azucareros y plantas de procesamiento de café y palma ya aprovechan la cogeneración, aunque el desarrollo a gran escala se ve limitado por los costos de logística y la falta de mayor industrialización del sector.
En cuanto a la energía geotérmica, Honduras dispone de condiciones naturales propicias, sobre todo en el occidente y sur del país, donde existen volcanes y zonas con actividad geotérmica. A pesar de que naciones vecinas como El Salvador y Nicaragua han avanzado significativamente en esta área, Honduras ha quedado rezagada en su aprovechamiento. No obstante, la geotermia constituye una fuente firme y sostenible que podría jugar un papel fundamental en la diversificación energética a largo plazo, siempre y cuando se impulse con inversión y estudios adecuados.
Finalmente, el gas natural se presenta como una opción de transición más limpia frente al uso del bunker y otros derivados del petróleo, que todavía representan una parte importante de la generación en Honduras. Aunque no es una fuente renovable, podría servir de apoyo en tanto se consolidan las energías alternativas. Su implementación, sin embargo, enfrenta el obstáculo de la alta inversión que requiere en infraestructura, como terminales de importación y gasoductos.
En conclusión, Honduras tiene ante sí la oportunidad de fortalecer una matriz energética diversificada y sostenible, combinando fuentes renovables como la hidroeléctrica, solar, eólica, biomasa y geotermia, con el gas natural como respaldo transitorio. Para lograrlo, será fundamental ordenar el sector, asegurar la participación comunitaria y social en los proyectos, y aprovechar las ventajas de la interconexión regional a través del SIEPAC. Sólo con un enfoque integral se podrá garantizar un desarrollo energético que responda a las necesidades actuales y futuras del país.