Espacios comunitarios culturales y sociales públicos

Jose S. Azcona Bocock

Una de las mayores deficiencias del desarrollo urbano contemporáneo, resultado de la falta de planificación y de la creciente densificación de las ciudades, es la carencia de espacios comunitarios accesibles dedicados a la vida social y cultural, más allá de los usos comerciales. La expansión urbana, guiada por intereses económicos antes que, por las necesidades colectivas, ha generado entornos donde los espacios de encuentro, expresión y convivencia son cada vez más escasos. Esta carencia limita la capacidad de las comunidades para fortalecer sus lazos sociales y construir una identidad común en el territorio que habitan. 

Las exigencias relacionadas con la creación de espacios comunitarios dentro de la planificación urbana para nuevas urbanizaciones suelen ser bastante limitadas. A medida que las zonas se densifican, prevalece una lógica de maximización del beneficio económico, que impulsa a los desarrolladores a ampliar las áreas negociables o reducir aquellas que no generan ingresos directos. Como consecuencia, los proyectos tienden a destinar un porcentaje mínimo del suelo a espacios de uso colectivo, reproduciendo un modelo urbano que prioriza la rentabilidad sobre el bienestar social. 

Los espacios comunitarios existentes, en su mayoría, son de carácter privado: áreas reservadas exclusivamente para residentes, socios o con fines comerciales. Si bien estos espacios responden a ciertas necesidades del mercado, no satisfacen la demanda social de lugares abiertos para el esparcimiento, la cultura y la convivencia, donde el acceso sea libre y equitativo. En Celaque, hemos procurado revertir esta tendencia mediante el desarrollo de proyectos de uso mixto que integran áreas comerciales con plazas abiertas y espacios públicos accesibles para toda la población. Además, establecemos mecanismos que prohíben su arrendamiento o privatización, sea de forma temporal o permanente, con el fin de garantizar su función social continua como lugares de encuentro, permanencia y cohesión comunitaria. 

Nuestra experiencia en la promoción de espacios públicos accesibles se remonta a proyectos antecesores como Metrópolis y Centro Morazán, donde se procuró que los condominios quedaran constituidos de manera que las plazas públicas y demás áreas comunes no pudieran ser objeto de una privatización por ósmosis, un proceso mediante el cual los espacios abiertos tienden a integrarse o anexarse paulatinamente a las áreas privadas. Desde entonces, se ha trabajado para evitar que intereses lucrativos lleven al arrendamiento o uso exclusivo de estos espacios. Asimismo, consideramos esencial que esta protección se extienda también a los arrendamientos temporales con fines comerciales, ya que dichas prácticas alteran el carácter de los espacios abiertos y restringen el acceso público. Estos lugares deben permanecer libres y disponibles para todos, pues representan uno de los recursos más valiosos y escasos en nuestras ciudades contemporáneas. 

En Distrito Artemisa, hemos avanzado hacia un modelo más decidido de creación de bienes comunes urbanos. Se ha desarrollado un espacio social y cultural de más de mil metros cuadrados, concebido para el libre uso de la comunidad en una amplia gama de actividades: ferias de emprendedores y de moda, presentaciones de libros, representaciones teatrales y otras expresiones artísticas. Este espacio no está disponible para renta y, aun en los casos en que algunas actividades sean cobradas, deben mantener un carácter accesible e inclusivo para la población en general. A esta iniciativa se suman un carrusel gratuito y un anfiteatro al aire libre, que en conjunto consolidan un polo de desarrollo comunitario y cultural que promueve la convivencia y el acceso equitativo al espacio urbano. Aspiramos a continuar replicando este tipo de intervenciones en futuros proyectos, contribuyendo así a mejorar la calidad de vida y fortalecer el tejido social de nuestras ciudades. 

Es importante que el sector de desarrolladores y todas las personas e instituciones que tienen influencia sobre los bienes inmuebles comprendan que preservar y crear espacios para la convivencia urbana y el desarrollo cultural no es un lujo, sino una necesidad. Solo al garantizar áreas abiertas, accesibles y compartidas podremos construir y reforzar el tejido comunitario urbano indispensable para el desarrollo de ciudades modernas, humanas y sostenibles.