Palabras a los Graduados de Pregrado UNITEC 26 de septiembre 2025
Jose S. Azcona Bocock
Muy buenas tardes:
Señora Rectora, Ingeniera Rosalpina Rodríguez Guevara; señor Vicerrector Académico, Ingeniero Javier Abraham Salgado Lezama; señor Secretario General, Licenciado Róger Martínez Miralda; distinguidas autoridades, estimados docentes, queridas familias y, sobre todo, graduandas y graduandos:
Es un privilegio estar acompañándolos hoy en un día tan especial para todas y todos ustedes. Más aún, es un honor poder ver el inicio de este viaje sorprendente y desafiante que están emprendiendo, un viaje que no solo transformará sus vidas, sino que también tendrá impacto en la vida de quienes los rodean y en el futuro de nuestro país.
Quiero felicitarlos de corazón por el enorme esfuerzo, la dedicación y la disciplina que han demostrado para llegar hasta este día. Como ocurre con la mayoría de los grandes logros en la vida, este no se alcanza en solitario: siempre se construye en equipo.
Por eso, deseo brindar un reconocimiento muy especial a sus madres y padres, a sus familiares y a todas aquellas personas que, con palabras de aliento, sacrificios silenciosos o apoyo constante, hicieron posible que ustedes culminaran este camino.
Y, por supuesto, también celebramos hoy a sus docentes, quienes sembraron conocimiento y confianza, y a esta universidad, que se convirtió en el espacio donde pudieron crecer, aprender y desarrollarse.
Quiero compartirles mi experiencia recién egresado de mis estudios, a los 21 años de edad, como la mayoría de ustedes hoy. Por mi acceso a la educación militar, estaba comprometido a servir cuatro años de servicio activo en las Fuerzas Armadas de Honduras.
Mi primer destino fue el Batallón de Ingenieros en Siguatepeque, Comayagua, un lugar bendecido por la naturaleza y por la calidez de su gente, que hacían sentir a cualquiera bienvenido. Allí tuve la oportunidad de integrarme a un equipo extraordinario, convivir con personas muy distintas entre sí, aprender de ellas y apoyar en una gran diversidad de actividades. Algunas estaban relacionadas con mi formación académica, pero muchas otras eran completamente diferentes. Y, sin embargo, en cada una de ellas encontré la oportunidad de aportar, de crecer y de aprender.
Lo más importante que quiero compartirles, sin embargo, no es lo que me pasó, sino lo que no me pasó. En conversaciones a lo largo del tiempo descubrí que, para muchos compañeros con una experiencia educativa similar a la mía, la asignación al Ejército de Honduras fue motivo de frustración. Les resultó difícil asimilarse a esa realidad, porque venían con la expectativa de desempeñarse en entornos parecidos a instituciones del llamado primer mundo.
Yo, en cambio, tomé una decisión distinta: abracé la identidad de lo que estaba viviendo, asumí con responsabilidad esa tarea y me propuse dar lo mejor de mí, sin importar dónde estaba ni qué estaba haciendo. Y esa actitud transformó mi experiencia: lo que pudo haber sido un periodo difícil, terminó siendo un tiempo extraordinariamente feliz y productivo, que marcó mi vida personal y profesional.
Así también les tocará a ustedes. Hoy quizás tienen expectativas claras, ideas definidas sobre lo que creen que harán con sus títulos y con su vida profesional. Pero la realidad es que el camino muchas veces sorprende: tal vez terminen haciendo algo distinto de lo que hoy imaginan. La vida, sin duda, les presentará giros inesperados, sorpresas y retos que pondrán a prueba su carácter.
Y allí estará la gran diferencia: no en lo que les pase, sino en la actitud con la que enfrenten cada circunstancia. Porque lo que transforma una dificultad en una oportunidad no es el contexto, sino la manera en que decidimos asumirlo.
Lo más importante para acompañarlos en este camino es que recuerden siempre los tres pilares de la responsabilidad: con ustedes mismos, con los demás y con la patria.
Responsabilidad con uno mismo
El más fundamental es el que tienen consigo mismos. Los invito a ver la vida como una experiencia continua de aprendizaje, donde cada día es una oportunidad de crecer y desarrollarse. Esto significa seguir estudiando y profundizando en lo que les apasiona, sea a través de la lectura, la investigación, o simplemente aprendiendo a hacer cosas nuevas. Pero también significa cuidarse: lo que comen, cómo duermen, la actividad física que realizan.
Construir un estilo de vida equilibrado, a su manera, es esencial para cultivar serenidad, paz interior e integridad. Y esos tres elementos —serenidad, paz e integridad— son, más que cualquier logro material, la base de una felicidad duradera.
Para darles un ejemplo, ya avanzada mi carrera he decidido dar énfasis a proyectos culturales que antes no podía realizar. Hemos montado un editorial, impulsado un programa de textos escolares gratuitos, promovido compañías de teatro y otras actividades culturales. Todo ello utilizando los recursos empresariales a los que tenemos acceso, pero también con la disposición de seguir probando, ensayando y haciendo cosas nuevas cada vez. Porque asumir la responsabilidad con uno mismo significa nunca dejar de aprender ni de atreverse a crecer en nuevas direcciones.
Responsabilidad con los demás
En cuanto al compromiso con los demás, los invito a mantener vivos los vínculos familiares y las amistades que han construido hasta ahora, así como aquellas nuevas que la vida les pondrá en el camino. La comunión con otras personas enriquece la existencia y hace que el recorrido sea más placentero y significativo. Nunca subestimen el poder de una red de afectos y de confianza: es un sostén en los momentos difíciles y una fuente de alegría en los tiempos de éxito.
Responsabilidad con la patria
El tercer pilar es la responsabilidad con Honduras. Este es un tema complejo, porque en un mundo cada vez más móvil, el arraigo se vuelve difícil de mantener. Sin embargo, mi experiencia y lo que he observado en la vida de muchas personas me permiten afirmar algo con certeza: la patria siempre va con ustedes, aunque no lo busquen. El hondureño nunca deja de ser hondureño, esté donde esté.
Por eso, más que resistir esa identidad, los invito a abrazarla. Incorporar la identidad hondureña en su vida les permitirá vivir con mayor plenitud y propósito. Y dentro de lo posible, los animo a prepararse para construir un futuro aquí, en nuestro país. Porque Honduras les ofrece ventajas relativas que pocas veces encontrarán en otro lugar, y las posibilidades de hacer una diferencia real son mucho mayores de lo que tendrían en cualquier otro sitio.
Queridos graduados, a partir de hoy ustedes asumen una nueva identidad: la de profesionales universitarios. Y con ella, la sociedad les otorga un voto de confianza, esperando que pongan en práctica todo lo aprendido. Esa confianza implica también una gran responsabilidad: la de innovar, de liderar con ética y de demostrar que en Honduras se puede hacer las cosas con excelencia.
El mundo al que hoy salen es un mundo complejo, cambiante, lleno de desafíos, pero también de oportunidades. Los tres pilares de la responsabilidad —con ustedes mismos, con los demás y con la patria— son las herramientas que les permitirán navegarlo con éxito. Cuiden de su integridad personal, cultiven relaciones humanas auténticas, y nunca olviden que llevar la identidad hondureña es, más que un deber, un privilegio.
Esta graduación no es el final de un camino, sino el punto de partida de muchos otros. Es el inicio de un viaje en el que deberán seguir aprendiendo, seguir creciendo y, sobre todo, seguir asumiendo con valentía la responsabilidad de dejar huella. Porque el verdadero éxito no se mide por los títulos acumulados, sino por el impacto positivo que logran generar en la vida de los demás y en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
Queridos graduados, la vida les va a dar sorpresas, desafíos y oportunidades. Pero si caminan con responsabilidad, con integridad y con amor por lo que hacen, siempre encontrarán el rumbo correcto.
Que esta nueva etapa esté llena de logros, pero sobre todo de significado. ¡Felicidades, y que el futuro que comienza hoy sea extraordinario para cada uno de ustedes!