Seguridad Nacional y Entorno Estratégico de Honduras
Jose S. Azcona Bocock
Para comprender el entorno que rodea nuestro país y estar preparados para diferentes amenazas que pudiesen surgir con el paso del tiempo, o simplemente para asegurar y mantener cordiales relaciones con los vecinos y aprovechar todas las oportunidades económicas y políticas que se presenten, es necesario tener claro cuál es nuestra posición y qué relaciones o situaciones debemos atender con especial cuidado.
Cuando al Conde Bismarck, en medio del auge de los procesos colonizadores europeos a finales del siglo XIX, le preguntaban cuál era su política africana, él respondía: “Mi política colonial es esta: Rusia está aquí, Francia está aquí, y nosotros estamos en medio. Esa es nuestra política.” Esto significa que las realidades geográficas no pueden ser ignoradas y, por tanto, debemos tenerlas siempre en consideración.
La primera realidad es la cercanía geográfica y de otros tipos con la mayor potencia del mundo: Estados Unidos. Por su fuerza gravitacional, es imposible construir una posición contraria o en contrapeso a la misma. Esto no significa que debamos dejar de priorizar nuestros intereses, sino que debemos aprender a negociar siempre de forma eficiente y pragmática, buscando el beneficio nacional. Pero esta realidad geográfica no se puede obviar.
En cuanto a la protección de nuestros territorios marítimos e intereses en el Atlántico, por la configuración de la geografía ha resultado que Colombia y Honduras son aliados naturales en los límites marítimos, tal como Nicaragua y Jamaica lo son como contrarios. Por tanto, es importante —sin descuidar las buenas relaciones con los otros vecinos— recordar que Colombia es un aliado estratégico, y de esta relación marítima han surgido otros intereses en común, donde este país se convierte en un socio natural.
En el Océano Pacífico, lo más importante es la protección de nuestra salida al Golfo de Fonseca, en lo cual Nicaragua ha sido un aliado importante frente a las pretensiones de El Salvador. Este último país enfrenta un problema adicional: la carencia de buenos puertos, lo que agrava su situación debido a las limitaciones derivadas de nuestra posesión de la Isla Conejo. Aunque creemos que la mejor solución para los problemas del Golfo de Fonseca será la negociación y un acuerdo que coincida con el interés común de ambas partes, mientras esto no se logre, es importante mantener una postura activa y prudente de protección de nuestros derechos legítimos, y coordinar con Nicaragua las acciones necesarias para salvaguardar y proteger nuestra soberanía y nuestros intereses económicos.
La historia y la geografía nos han puesto en el camino de El Salvador para sus pretensiones de comunicaciones y espacio. Aun para 1969, las guerras internacionales por la conquista de territorio eran consideradas algo ya obsoleto y poco probable. Sin embargo, en ese año, El Salvador —que tenía una población mayor que la nuestra y un Producto Interno Bruto más del doble del nuestro— vio en Honduras, un país con grandes carencias logísticas y de comunicación terrestre, una oportunidad para resolver sus problemas políticos buscando un enemigo externo al cual vencer. Y Honduras también se prestó, ya que resultaba más fácil hacer una reforma agraria con las tierras de los colonos salvadoreños que enfrentar nuestras propias deformaciones estructurales en la tenencia de la tierra.
Todos estos elementos constituyen el entorno para el cual debemos desarrollar nuestros objetivos de defensa nacional. Honduras no pretende expandir su territorio ni ejercer una esfera de influencia más allá de sus fronteras, por lo que la naturaleza de nuestras acciones es completamente defensiva. Si bien esto incluye mantener capacidades militares de tierra, mar y aire en condiciones suficientes de acuerdo con nuestras realidades económicas, debe complementarse con los avances en logística, comunicaciones, crecimiento económico y educación de la población, que son, a la larga, los factores que hacen que una sociedad pueda sostener una defensa robusta. Y esta defensa robusta esperamos nunca sea probada en la práctica, pero genera una confianza y un sentido de identidad nacional lo bastante fuertes como para servir de escudo protector, en el cual el país pueda desarrollarse en prosperidad y paz consigo mismo y con todos sus vecinos.